Opinión

Encontrar a Lida

Por:  Patricia Berdejo

Acaso, sin saberlo, por una publicación en un grupo de Comunicadores Sociales y Periodistas, apareció Lida en mi horizonte, homónima de una colega, circunstancialmente. Escéptica desde siempre con esos asuntos del destino, lo asumo como un regalo divino, inesperado y de inconmesurable valor. 

No tardó mucho nuestra virtual interacción, cuando la vida nos fusiona en un abrazo que, hemos estrechado en más de una ocasión.

La calidez de su sonrisa, la madurez de su carácter, su carisma indiscutible y su genuina cualidad de dama generosa y comprensiva, me hicieron  inmediatamente hacerle confidente de mis penas y porfías y, una vez más, me mostró la grandeza de su alma, cuando avanzaba el deterioro de mi madre y se opacaban mis ánimos y me acosaba la impotencia que se hacía más fuerte con el siniestro que implicaba la pandemia. Ella siempre tuvo la fórmula magistral; no para curarla, pero sí me dotaba de fuerza y entereza cuando el agotamiento me abatía y el corazón se me oprimía. Llamarla a cualquier hora e involucrarla en estos escenarios íntimos, inenarrables y muy dolorosos, significó un  refugio que hoy quiero exaltar y pregonar a cuatro vientos.

Lida irrumpió en mi camino direccionándome por los mejores senderos, valorando mis escritos que se iban a cualquier lugar y sin firmar,  ante todo, respetando mis preceptos y mis convicciones, cediéndome lugar para el disenso y con el don casi extinto de “escuchar” sin enjuiciar ni discutir, aunque sus pensamientos y  criterios no coincidieran  con los míos.

Imperecedero reconocimiento a esta excelsa amiga y periodista, aguerrida e íntegra representante del oficio de informar e investigar. Orgullo sanjuanero, cesarense y de todo el  continente.

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