Crónicas Opinión

Se prende la vela, se apaga la pólvora 


Por: Roque Filomena

La connotación espiritual y mágica del encendido de velas se ha convertido en una fiesta de música, alegría y jolgorio en el día de las velitas, que pese a su actualización sigue conservando un valor tradicional, como la fecha que marca el inicio de los festejos navideños, dando lugar a días cargados de luz, de simbolismo y unión familiar.

De esta forma se prenden los días de diciembre, pero se va apagando poco a poco la pólvora en una sociedad que se va adaptando a nuevas formas y costumbres, con una mayor conciencia de vecindad y convivencia basada en la moderación y el respeto por los demás. 

No podemos dudar que, la pólvora,  muchas veces, se puede llegar a confundir con ráfagas de disparos; no deja de ser un elemento perturbador, que afecta sensiblemente a personas autistas, a   los ancianos, a los enfermos, a los perros, gatos y pájaros; que puede causar daño no sólo a las personas que la manipulan, sino a quienes están alrededor. Cabe agregar que cuando hay pólvora, generalmente existe presencia de personas alicoradas, lo cual, conlleva a una manipulación irresponsable de la misma.

Se dice también que celebrar con pólvora es como quemar la plata, sin embargo, en el viejo Macondo, en lugar de prender velas, se quemaba directamente el dinero en noches de delirio y cumbiamba, costumbres con que se derrochaba en la abundancia, sin contemplar en el horizonte los años de escasez, de soledad y  olvido.

Las fiestas populares, patrias, religiosas y la mayoría de eventos masivos, incluyendo la temporada de fin de año, tienen en la pólvora un insumo imposible de obviar, infaltable y protagonista, pero también puede evolucionar y permitir que este tipo de tradiciones sean más sanamente atractivas y menos riesgosas para nuestra integridad.

A lo largo de la historia, las celebraciones navideñas y de fin de año, han estado siempre acompañadas del bullicio, el fulgor y la alegría, es por ello que zumba en los oídos el eco imaginario de la explosión de la pólvora que invita al gasto desmesurado y al anhelado festejo; motivados, además, por un ferviente reencuentro familiar y por una comunidad que se muestra complaciente y divertida en esta época del año.

La pólvora es atractiva, pero en los juegos pirotécnicos, manejados por expertos. Por eso es preferible dejarles esa tarea a ellos y mejor disfrutar de los espectáculos de pirotecnia financiados por el sector público o patrocinados por la empresa privada.

Celebremos los días de diciembre, con mesura y controlada explosión de entusiasmo.

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