Opinión
Por: Pedro Norberto Castro Araujo

Me contaba Anibal Galindo que a principios del siglo pasado, Valledupar era una ciudad pintoresca, rodeada de casas construidas en textura de barro y vareque, hermosísimas por su uniformidad con cubiertas en tejas tipo colonial, calles empedradas, que circundaban las dos únicas iglesias de creencia católica que existían en la ciudad; la primera dentro del Marco de la plaza Mayor perteneciente a Nuestra Señora de la Concepción y la segunda la iglesia de Nuestra Señora del Rosario ubicada en la calle 15 frente a la casa de don Oscarito Pupo Martínez y por el otro extremo con casa de la señora Leticia Castro de Pupo.

A sus 92 años, Elfo Jiménez Ochoa, consejero espiritual de mi padre “Pepe Castro” me contó que en la ciudad de los Santos Reyes habitaba el primogénito de Cristóbal y Conce, sus primos y quien en su adultez tenía una condición especial; cambiaba su temperamento con la atracción gravitacional de la Luna.

Sostiene que es el mismo fenómeno atmosférico que crea las mareas oceánicas que sube y baja el oleaje del mar cada 12 horas. La luna llena permite que las olas dejen su estado natural y se tornen violentas, fenómeno que tambien influye en el estado de ánimo de las personas, influyendo en los pacientes bipolares, cuyos cambios de estado de ánimo es cambiante alrededor de la luna llena quien les provoca plenitud, euforia y excesos.

En esta fase se dice que todo el mundo se pone lunático -es decir, loco- como le pasaba a Victor “Nono la Vara” con los cambios prelilunares, con ellos producía una gruesa y desbordada energía que lo hacia caminar por las calles del Valle a toda velocidad.

Era costumbre de los ricos de Valledupar almorzar a manteles a las 12:00 del medio día y era usual mantener abierto un portoncito que comunicaba con el traspatio por donde entraban a los establos de las viejas casonas, los güeyes, burros de carga y vacas de leche, arriadas a esa hora para destetarlas de sus crias.

La señora Leticia Castro de Pupo como de costumbre había ordenado a la servidumbre avistar cuando la mesa atuviese servida; al poco tiempo las mujeres con toda la etiqueta social, con porte y señorío se encontraban sentadas en la mesa principal de la casona colonial y con cubiertos en plata en mano pretendían degustar exquisitos manjares de la cocina criolla en los que incluían guisos de aves de corto vuelo.

Al momento de iniciar a comer notaron la presencia de “Nono la Vara” quien al pasar sintió el rico olor a gallina, lo que lo obligó a colarse por el portón de atrás.

Nono, sorprendió a las distinguidas damas al entrar orondo al aposento principal. Muy buenas tardes señoritas; este banquete parece la cena de Nuestro Señor Jesucristo … Que cena tan bella …

Las mujeres al verlo corrieron despavoridas hasta encerrarse en sus habitaciones, dejando la mesa servía.

Nono se quedó solo olfateando los múltiples manjares, parado en una esquina en la mesa, y dado que no había nadie a quien preguntarle, el mismo se preguntaba y él mismo se respondía: Nono…que fue doña Leti. Te provoca arroz de cerdo aplástelado, hecho de las manos maravillosas de Maria Meza? Como no doña Leti…Es mi comida preferida … Nono tomaba la bandeja acerada en plata con la mano izquierda y con la derecha urgaba el delicioso platillo.

Nono sírvete más conejo como no doña Leti.. Nono mas ensalada muy buena tiene pepino y aguacate, hay doña Leti tengo rato que no como ensalada…

Nono ahí hay un jugo en la mesa de guanábana … hay doña Leti es el jugo que mas me encanta. Y con jarra en mano saboreaba la deliciosa bebida.

Nono al estar satisfecho y con la barriga contenta se despide agradecido de doña Leti.

Antes de salir avista encima de la nevera del comedor un pote lleno de monedas y billetes sencillos. Nono … que fue doña Leti… arriba de la nevera hay unos sencillos… son para ti Nono..

Nono con la intención de llevárselos se auto responde: … Mejor que no doña Leti, deje esos sencillos allí. Porque Nono ? Insisto son para ti Nono.. No doña Leti, déjelos allí, Los Castro y los Pupos son muy tacaños, después van a decir que Nono se los robo.

Deportes Opinión

Tras superar una dura lesión, el cartagenero se prepara para demostrar que aún tiene guante, madero y experiencia para brillar en Grandes Ligas.

Por: Carmelo Bolaño 

El nombre de Gio Urshela sigue sonando fuerte en los pasillos del béisbol de Grandes Ligas. El cartagenero, orgullo de Colombia en el diamante, atraviesa un momento decisivo en su carrera: demostrar que todavía tiene madera para seguir marcando diferencia, esta vez desde la incertidumbre que implica ser un agente libre.

Después de un recorrido que lo llevó a vestir camisetas de equipos históricos como los Yankees de Nueva York, Urshela se encuentra en la vitrina de los jugadores disponibles, a la espera de la llamada que le abra las puertas a una nueva oportunidad. Y es que hablar de Urshela no es solo hablar de estadísticas o de números en la caja de bateo; es recordar a un antesalista con reflejos felinos, capaz de convertir batazos imposibles en outs de lujo, y de un bate que respondió en momentos claves con promedio consistente y poder ocasional.

El mercado de agentes libres suele ser una especie de subasta silenciosa, donde los equipos miden cada detalle: edad, las lesiones que han sido un factor determinante en la carrera reciente de Gio Urshela.  Aunque ya está recuperado y ha mostrado avances físicos, el riesgo de recaídas o de perder ritmo competitivo está sobre la mesa. Por eso, su salud será el punto clave que definirá si consigue un contrato sólido o solo acuerdos temporales, en cuanto a su rendimiento reciente y proyección futura, ponen  a Gio Urshela, por su experiencia, por su madurez y la versatilidad que ha demostrado al defender no solo la tercera base sino también paradas estratégicas en el infield, lo convierten en un nombre atractivo para más de una franquicia.

Colombia sigue con atención los pasos de su beisbolista, consciente de que Urshela no solo juega para su propio legado, sino que también abre camino para las nuevas generaciones. Desde las calles de Cartagena, Barranquilla o de Colombia entera hasta los diamantes de las Grandes Ligas, su historia ha sido inspiración para los jóvenes que sueñan con batear jonrones en los escenarios más grandes del mundo.

El futuro inmediato es incierto, pero también prometedor. Algunos analistas consideran que Urshela podría encajar en equipos que necesitan solidez defensiva y un bate de contacto seguro en el medio de la alineación. Otros creen que su rol podría estar orientado a la mentoría, apoyando a novatos en transición hacia el estrellato. Lo cierto es que, a sus 32 años, el colombiano todavía tiene béisbol en su guante y en el madero.

Así, el capítulo de Gio Urshela como agente libre no es un punto final, sino una pausa narrativa en la que se escribe la antesala de su próximo desafío. Y en cada movimiento, en cada decisión, lleva consigo el orgullo de representar a una nación que lo sigue esperando en los titulares.

Deportes Opinión

Titi remontó, Sambueza se enredó y los hinchas se dieron hasta con las butacas

Por: Carmelo Bolaño 

El estadio Metropolitano de Barranquilla continúa como escenario de juegos explosivos que solo el fútbol de Junior en esta era de Alfredo Arias sabe entregar. Mientras que en la cancha todo era drama, el carnaval se vivió en las tribunas y, hasta se formó un arroz con mango protagonizado por hinchas del Leopardo búcaro, se hicieron los “muy pingos” que entraron disfrazados al estadio y se mezclaron entre los junioristas durante mas de 50 minutos, hasta cuando la visita hizo el primer gol que fue cuando se despojaron de camisetas de Junior y mostraron su piel de Leopardo y se armó la gresca que no podía faltar. 

La Policía que estaba perdiendo con ese gol que le metieron los hinchas bumangueses disfrazados de tiburones, se percataron del irrespeto y de inmediato colocaron a los hinchas de visita en otra área al lado de la tribuna ocupada por rojiblancos. Bucaramanga celebró como si hubiera encontrado petróleo en la tribuna occidental, mientras el Metropolitano había quedado mudo, cuando esto ocurría llegó el empate desde los 12 pasos con zapatazo del “Titi”. 

Junior le remontó al Bucaramanga en un cierre de película y de paso, los hinchas de ambos equipos hicieron su propio partido aparte en las gradas, con menos táctica y muchas trompadas.

Pero si algo caracteriza al Junior es que cuando parece derrotado, se acuerda de que el Metropolitano pesa, y vaya que pesó. A tres minutos del final apareció Steven “Titi” Rodríguez, quien se puso la capa de héroe y con un penal empató la contienda. Y cuando ya todos estaban recogiendo los motetes, otra vez el “Titi” convirtió un segundo penal en el tiempo añadido, de nuevo contra Enamorado. El 2-1 hizo estallar la tribuna y dejó claro que en Barranquilla no se sufre en silencio: se sufre bailando, gritando y hasta tirando la camiseta.

Ahora hablemos de la peleas, pues bien, lo que se vivió en la cancha no fue nada comparado con la “lucha libre” que se armó en las tribunas. En la occidental alta, hinchas de Junior y Bucaramanga decidieron que lo suyo no eran cánticos sino los puños. El asunto fue tan subido de tono que por un momento la pelota dejó de rodar porque todos estaban pendientes de la novela que se transmitía en vivo: tiburones contra leopardos, pero sin árbitro ni VAR.

Las imágenes rodaron por redes sociales como pólvora: gente corriendo, camisetas de junior que vestían los falsos hinchas, salieron volando, y hasta un par de butacas terminaron siendo proyectiles improvisados. Todo un espectáculo alterno que, si fuera pagado, no habría alcanzado la boletería.

Y como si fuera poco, el banquillo tampoco quiso quedarse atrás. Tras el gol de la remontada, miembros del cuerpo técnico de Bucaramanga salieron a reclamar con más brío que sus propios jugadores. Los del Junior respondieron y ahí sí, el Metropolitano se convirtió en una pasarela de reclamos, empujones y frases que no pasaron por el filtro de “apto para todo público”.

Al final, Junior continuó como líder, Bucaramanga se fue como perrito regañado, y suerte si te vi… la hinchada se retiró con la garganta rota y algunos con el labio partido. 

El fútbol, ese invento maravilloso, volvió a demostrar que en Colombia es más que un deporte: es telenovela, película de acción y a veces, campo de batalla. Porque sí, Junior ganó con dos penales, pero las gradas y los banquillos nos recordaron que además del balón, en el fútbol también rueda el temperamento.

Arte y cultura Opinión

Por: Lida Mendoza Orozco

En un emotivo acto que movió las fibras más profundas de muchos asistentes al auditorio Crispín Villazon de Valledupar, el empresario y escritor Fabio Torres presidió un encuentro motivacional basado en su libro “Cumplir mi sueño, mi  plan favorito”, que narra la historia de su vida motivada por el deseo de superación, la fe y las ganas de salir adelante. 

Fabio es diseñador gráfico, publicista, escritor, motivador, propietario de la empresa de publicidad Zona Creativa, donde, con su equipo de trabajo ha logrado contribuir con el desarrollo de la ciudad. 

Vestido impecablemente,  con una rosa en sus manos y con voz firme, el rector atrapó a los participantes con su historia llena de experiencia, pruebas y procesos que le permitieron crecer como ser humano y como profesional. Trabajar con amor, fe, enfoque, disciplina y agradecimiento fueron la clave para alcanzar el éxito; esta  frase fue una constante durante su intervención, reconociendo que con esta conferencia se estaba cumpliendo el propósito de Dios para su vida. 

Noté muchas lágrimas de emoción entre algunos asistentes, pero también risas y aplausos en algunos momentos en los que este emprendedor demostraba a través de videos, cómo fue conociendo personas que con un gesto o un consejo se fueron convirtiendo en un gran apoyo y cómo fue derrotando esas vocecillas que se interponían para cumplir sus sueños. 

A través de imágenes y fotografías muy personales, Fabio le contó a su público, cómo le fue dando forma a sus deseos más profundos de ser alguien en la vida, de demostrarle al mundo que era capaz de levantarse del caos y florecer aún en medio de la pandemia que golpeó a millones de familias en el planeta. 

Sonrió y se emocionó contando el momento en el que por primera vez se encontró con la mirada dulce y tierna de su hija María Fátima, que llegó al escenario con un ramo de flores y se fundió con él en un abrazo lleno de amor; también junto a su madre Sara, motores que lo impulsaron a llegar a la meta.

Fabio sigue soñando, dice que dar a conocer su historia para motivar a otros a lograr sus objetivos es el gran propósito de Dios, su fe crece todos los días cuando se levanta agradecido de todo el proceso que ha vivido. 

Es un hombre generoso que está recogiendo los frutos de su cosecha, es un ser humano lleno de nobleza que también ha ayudado a otros de manera desinteresada, siempre con una sonrisa, con actitud positiva, sencillo y con un alto grado de lealtad con sus amigos, a quienes siempre que puede, agradece todo el apoyo que ha recibido de ellos. 


Hoy no queda nada del chico de 13 años que expulsaron del colegio Loperena, ni de aquel jovenzuelo vago que perdía el tiempo jugando billar y dominó mientras tomaba alcohol en sus largas noches de bohemia interminable, ni aquel que veía pasar la vida procrastinando. Hoy, Fabio Torres, el rector, es un hombre que inspira y transforma vidas y está seguro que en ese encuentro, logró tocar el corazón de muchas personas deseosas de cumplir sueños. 

Opinión

Por:Yanitza Fontalvo Díaz

“Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”. Apocalipsis 2:10

Este domingo lluvioso se fue un alma buena al cielo, como dirían las abuelas; El Señor recibió en sus brazos al pastor José Manuel Oñate, conocido cariñosamente como el pastor ‘Chema’, era el padre de Damarys Oñate, pastora presidente de la Iglesia Cejes.

Su figura frágil y su trato apacible denotaba la bondad que había en su alma y el gran amor al Señor; con su ejemplo y enseñanza de la Palabra de Dios, formó una familia para Cristo, varios de sus hijos, yernos, sobrinos y nietos que habitan en varias partes del mundo son pastores y adoradores con su talento musical, dejando un hermoso legado. 

Nació en Distracción La Guajira el 27 de julio de 1931, su infancia no fue fácil, ya que ante la ausencia de su padre y luego de su padrastro, le tocó ayudar a su mamá para sacar adelante cinco hijos, pero su afán de aprender, hizo un gran esfuerzo y realizó sus estudios en la escuela nocturna.

A los 18 años conoció Dios, fue un gran impacto en su vida, así que se preparó para servirle como misionero, empezó a recorrer pueblos y en un curso de cristianos de las misiones evangélicas conoció a Rosario Murgas, ‘Chayo’, una hermosa joven de cabello largo que venía de Urumita, los unió su amor por Cristo, tienen como testimonio que cuando se casaron se fueron al municipio de El Paso sin nada de dinero, sin conocer a la gente les enviaron leche, yuca y otros alimentos lo que les demostró que Dios estaba con ellos. Tuvieron cinco hijos, Rubén, Damarys, Eliécer, Pilar y ‘La Chachi’.

Fueron pastores en Ciénaga Magdalena, en Urumita, en la Misión de la Iglesia Emanuel en Santa Marta, Iglesia el Paraiso en Barranquilla, en la Iglesia Rios de Paz en Fundación, fue supervisor de la misión I.B.M., y desde hace más de 30 años, el Pastor Ángel Flórez, su yerno, lo llamó a ayudarlo en la obra de la Iglesia Cejes como Pastor Consejero además tenía un ministerio de orientación de parejas y era el encargado de los cursos prematrimoniales, junto a su esposa ‘Chayo’, además lideraba un grupo que hoy continúa la misión que legó para visitar y orar por los enfermos, donde con fervor y fe, hacen recorridos por hospitales y todas las clínicas de la ciudad.

Escribió su libro biográfico, ‘Vale la pena servir a Dios’, donde cuenta su recorrido por el pastorado, pero también las dificultades que tenía la iglesia evangélica para ejercer las misiones, donde muchas veces les tiraban piedra y ataques que sufrió cuando predicaba desde el púlpito cuando no era aceptada esta doctrina en muchas partes del país.

El Pastor ‘Chema’ Oñate fue un guerrero de la fe, un verdadero Pastor de Pastores que era respetado por su edad, su ejemplo, rectitud y su gran pasión por las almas, se fue sin duda ‘derechito’ a la presencia de Dios, seguro al compas de la canción con la cual deleitaba al Señor.

Oh tu fidelidad, oh tu fidelidad,

Cada momento la veo en mí, 

Nada me falta pues todo provees, 

Grande Señor es tu fidelidad.

Opinión

By: Yarime Lobo Baute 

Por estos días, de esos que duran un instante pero pesan como siglos, mi madre me lanzó una pregunta que me abrió el corazón: ¿qué pienso de este país, de sus tropiezos, de esa dualidad que nos atrapa en el estigma de la patria boba? Esa que se cambia de vestido, pero lleva la misma alma. Conflictos que nos parten, egos que nos ciegan, ambiciones que traemos y heredamos un cruce multirracial, que como huella corre por nuestras venas. Somos corazones que laten con fuerza, pero a veces laten más por el “yo” que por el “nosotros”. Ni la Constitución de 1886, ni la de 1991, con sus promesas de orden y justicia, han logrado apagar esa chispa que nos divide y fragmenta.  

Convencida del poder que yace per se en la palabra, no pude responderle en ese momento con palabras. Le respondí con un llanto. Un llanto que cargaba el dolor de una niña palestina de 4 años, herida por un dron, que vi en un video en X. Su cuerpecito frágil en un campo donde el hambre y la muerte son compañeras. Lloré por ella, por las madres que abrazan a sus hijos bajo el peso de la guerra, por un mundo que calla con implícita complicidad. ¿De qué sirve hablar de política, mamá, si el dolor del mundo nos pide que escuchemos antes?  

Colombia, esta tierra que nos mece, sigue girando en un círculo que nos marea. Nos partimos en cíclico y recurrente “nosotros” y “ustedes”, como si el trapo rojo y azul de antaño se hubiera vestido de izquierda y derecha. Cambian las banderas, pero el juego es el mismo: señalar, separar, excluir, anular, olvidar que todos somos hijos de la misma raíz. El problema no es nuevo, no es de hoy, sino de un pasado que nos marcó con su garra de conquista, codicia y atropello. Queremos sanar las heridas que dejaron, pero a veces lo intentamos con las tripas, no con el corazón armonizado con la cabeza.  

No quiero engrosar el coro de los que eligen bandos, mamá. La política que me preguntas es un eco de lo que fuimos: una patria que se duele por no mirarse al espejo. Pero yo sueño con otro camino. La respuesta no está en gritar más fuerte, sino en callar para escuchar. Escuchar a los niños que sufren, a las madres que resisten, a la tierra que nos pide cuidado. Escuchar para tejer puentes, para sanar heridas, para construir juntos.  

Ninguna constitución salvará a un pueblo que no se tiende la mano. Mientras el “yo” pese más que el “nosotros”, seguiremos siendo la patria boba. Pero, mamá, mis lágrimas no son solo de pena. Lloro porque creo que podemos despertar. Podemos tejer una Colombia donde el corazón ilumine, donde la mente guíe, donde el amor por el otro sea el lazo que nos una. Hacer las paces con nosotros mismos, sembrar con nuestras manos un país que no sea eco, sino una voz clara que cante, que abrace, que viva.  Es ese el camino, ese que nos lleva a una verdad que es la vida misma.

Opinión

Por :Yarime Lobo Baute

Hoy, 25 de julio de 2025, mi alma se estremece y se tiñe de colores vivos, como un amanecer en mi Valledupar querida. Celebramos el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, un latir de tambores ancestrales que recorre las venas de América Latina, el Caribe y la diáspora. No estuve en aquel Primer Encuentro de 1992 en Santo Domingo, donde más de 400 hermanas afrolatinas, afrocaribeñas y de la diáspora tejieron con sus voces un grito de resistencia, pero su eco resuena en cada mosaico que mis manos crean, en cada rincón de mi ser que se une a esta causa. Soy Yarime Lobo, arquitecta por oficio, artista por alma, y hoy dejo que mi corazón cante y pinte esta fecha sagrada que abraza la dignidad de mis hermanas afrodescendientes.

Siento aquel encuentro en Santo Domingo como un telar vivo, un espacio donde se bordaron dolores profundos: sexismo, racismo, pobreza, migración, violencia. No estuve allí en cuerpo presente, pero mi espíritu danza junto a esas valientes que alzaron la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, un cimiento de amor y fuerza. Esa red no es solo un suspiro; es un acto vivo que dignifica a las mujeres negras como ciudadanas plenas, llenas de luz. En mi taller, donde el mosaiquismo y el trencadís dan vida a “Negra Soy”, mi arte se transforma en un canto: ¡visibilizar, resistir, insistir, persistir, transformar!

Las mujeres afrodescendientes, un 30% de esta tierra latina y caribeña –unas 200 millones de almas vibrantes–, aún enfrentan miradas que las hieren. En mi Cesar natal, donde el vallenato abraza el alma y el río Magdalena susurra historias ancestrales de la historia negra, más de 150,000 hermanas afrodescendientes alzan su voz con orgullo, tejiendo su historia entre ritmos de tamboras y resistencia. Pero el peso de los estereotipos, esa sombra que las pinta como objetos sin alma, las empuja a la pobreza y la orilla. ¡No se rinden! Este día nos llama a romper cadenas, a desafiar el racismo y el sexismo, a abrirles caminos de poder y decisión. Que los países despierten de manera consciente y forjen políticas que las vean como lo que son: flores que florecen en la roca, no como hierbas en asfalto pisoteadas.

Desde mi rincón de creación, donde las teselas cantan historias de resiliencia, rindo homenaje a esta fecha con el alma desnuda. Pienso en mi amiga y hermana de la vida Melitza Quintero, bien llamada “perla negra” cesarense, cuya voz periodística toca corazones como una vez tocara el mío trayendo con sus letras un rayo de esperanza. La vi brillar con esa mirada que desnuda almas, y su espíritu guerrero es inspiración a seguir. Mi  obra “Negra Soy”, con sus verdes, azules y flores danzantes, es un espejo de esa fuerza y belleza. Cada pedazo colocado es amor puro, un cimiento que trasciende lo material. Este día no es solo recuerdo; es un llamado a no claudicar y actuar en el eterno presente, a ser semilla que brota, no etiqueta que aprisiona.

Desde Valledupar, donde el cielo se pinta de promesas, alzo mi voz y mis manos al arte para honrar a estas mujeres indomables, faros en mi penumbra. Que este concebir de letras sea un puente, un mosaico más en la gran obra de nuestra semejanza que llama a la equidad. ¡Larga vida a esta lucha, larga vida a estos amores que laten en cada rincón!

Opinión

Por Astrid Navarro Rodríguez

“Escrúpulo” proviene del latín scrupulus, una pequeña piedra que se incrustaba en las sandalias de los soldados romanos y les obligaba a decidir: ¿seguir marchando con dolor o detenerse a quitarla, arriesgando castigo? Esa molestia mínima, pero constante, dio origen a la idea moderna de escrúpulo como señal de conciencia moral. Hoy, en el Cesar, parece que ese guijarro ha desaparecido del calzado de quienes gobiernan.
El Cesar es tierra de contrastes: rica en cultura, biodiversidad y talento humano, pero profundamente afectada por el atraso institucional, la corrupción sistemática y la indiferencia de sus élites políticas. Aquí, el poder se ejerce sin incomodidad. No hay dilemas morales, solo cálculos. No hay conciencia, solo conveniencia.
Durante décadas, los recursos públicos han sido utilizados como patrimonio privado. Licitaciones amañadas, obras inconclusas, sobrecostos descarados, contratos otorgados a dedo… la lista es larga y se repite. Lo escandaloso ya no escandaliza. La corrupción dejó de ser noticia para convertirse en paisaje.
Pero lo verdaderamente grave es que ya ni siquiera se finge. El cinismo se ha institucionalizado. Los gobernantes del Cesar –con contadas excepciones– han perdido el más mínimo respeto por la ciudadanía. Se comportan como señores feudales: reparten favores, nombran familiares, persiguen disidentes y controlan presupuestos como si fueran botín de guerra. ¿Y la ciudadanía? Atrapada entre la necesidad, la resignación y el silencio.
La ausencia de escrúpulos es hoy la verdadera pandemia política en el Cesar. No hay dolor de conciencia porque no hay conciencia. Ya no se siente la piedra en el zapato, porque el poder dejó de caminar entre el pueblo hace mucho tiempo. Mientras las comunidades rurales siguen sin agua potable, sin vías, sin escuelas dignas ni empleo, las oficinas de los altos funcionarios se llenan de comodidades y discursos vacíos.
El atraso del departamento no es solo económico. Es ético. La falta de visión, de proyecto colectivo, de compromiso real con el bien común, tiene raíces en una política que no duele. Y si no duele, no transforma.
Lo más preocupante es que estamos perdiendo la capacidad de indignarnos. La costumbre es el opio de las regiones mal gobernadas. Nos hemos acostumbrado a que todo funcione mal. A que nada cambie. A que los mismos apellidos repartan el poder como si fuera herencia. Eso también es una forma de anestesia moral: dejar de sentir el guijarro.
¿Es posible recuperar el sentido del escrúpulo? Sí. Pero implica una ciudadanía activa, incómoda, que cuestione, que denuncie, que proponga. Implica medios de comunicación valientes, jóvenes organizados, movimientos sociales con fuerza, y liderazgos nuevos que no tengan miedo de sentir la incomodidad de hacer lo correcto.
El Cesar merece algo más que administradores del atraso. Merece líderes que se detengan a quitar la piedra del camino, aunque duela, aunque cueste. Porque solo quien aún siente el guijarro está en capacidad de caminar hacia el futuro con dignidad.

Opinión

Por: Yarime Lobo  

_Ordenando el Cesar: un llamado a sanar desde la claridad y el territorio_

En esta tierra donde los senderos susurran historias y cada alma guarda un sueño, el Cesar enfrenta un desafío que hiere más allá de la sangre. Como arquitecta de cimientos y esperanzas, veo en Valledupar un lienzo donde el ordenamiento territorial y el fortalecimiento institucional pueden trazar un futuro sin luto ni confusión. 

Los rumores de una masacre en Villa Germania, donde se dijo que seis jóvenes fueron silenciados, resultaron ser, en gran parte, una sombra de desinformación, con una sola muerte confirmada y los demás apareciendo vivos en un video. Los 76 homicidios que marcan este 2025, junto a esta guerra psicológica que siembra miedo y desconfianza, son heridas que nos urgen a edificar desde el ser, el hacer y el tener. 

Hoy, mi pluma se alza por un Cesar que no se doblega, que disipa las mentiras con verdad y teje su destino con raíces firmes, manos unidas y un corazón que no olvida su esencia.

A nuestro alcalde, Ernesto Orozco Durán, y a nuestra gobernadora, Elvia Milena Sanjuán Dávila, les hablo desde la certeza de quien sabe que un territorio ordenado es un territorio vivo. Ustedes, forjadores de instituciones, tienen la brújula para alinear la voluntad del pueblo con la fuerza del Estado. Villa Germania no es solo un eco de temor; es un clamor para construir un Cesar donde la verdad y la paz sean los cimientos de cada vereda, de cada plaza, de cada hogar que hoy duda ante las sombras de la manipulación.

Del ser: la raíz de la comunidad

La paz germina en el alma colectiva, en la confianza que une a un pueblo. Gobernadora, Alcalde, el ordenamiento territorial nos enseña que cada comunidad es un pilar de vida. Convoquen consejos comunitarios permanentes, donde las voces de Villa Germania, Altos de Pimienta y cada corregimiento tracen el mapa de sus anhelos, temores y verdades. Fortalezcan las Juntas de Acción Comunal, dotándolas de recursos y capacitación para que sean guardianas de su seguridad y arquitectas de su progreso. Iniciativas como “Una Luz por la Vida” deben ser faros que iluminen estos espacios, donde el diálogo entre instituciones y ciudadanos contrarreste la desinformación y restaure la confianza. Escuchen a las mujeres que tejen historias, a los ancianos que guardan sabiduría, a los jóvenes que sueñan futuros. Den voz a los líderes comunitarios para que desmientan rumores y fortalezcan la cohesión social. En ese encuentro, nacerá la reconciliación que sana, la claridad que disipa el miedo y la unidad que derrota la manipulación.

Del hacer: instituciones que transforman

Las obras son amores, y el amor se construye con acción decidida. El fortalecimiento institucional es la columna vertebral de un territorio seguro. Apoyen la labor del coronel William Javier Morales Vargas y sus 2.900 policías, pero vayan más allá: creen “Semillas de Vida” para los jóvenes, con programas de educación técnica, cultura y deporte que cierren las puertas al microtráfico, la desesperanza y las estrategias de terror que usan la mentira como arma. Proyectos como el Parque Solar Upar o el SuperTrack Competition muestran que el Cesar mira al futuro; lleven esas luces a las veredas con escuelas modernas, conectividad digital y empleo digno. Un territorio ordenado es aquel donde cada corregimiento respira justicia, donde los caminos no solo son de asfalto, sino de oportunidades que transforman vidas. Inviertan en bibliotecas comunitarias, en talleres de vallenato y artes, en canchas deportivas donde los jóvenes encuentren en un pincel, un acordeón o un balón la fuerza para construir, no para ser víctimas de rumores que dividen. 

Establezcan campañas de comunicación veraz, con emisoras comunitarias y redes digitales que lleven información confiable a cada rincón, desarmando la guerra psicológica que amenaza nuestra unidad.

Del tener: un legado de seguridad y verdad

Tener es vivir sin temor, es caminar con certeza. Alcalde Orozco, su consejo de seguridad tras los rumores de Villa Germania fue un paso firme; que sea el primero de muchos. 

Gobernadora Sanjuán, articulen con la Fiscalía y el Ejército una estrategia que no solo desmantele las redes criminales que alimentan la violencia, sino que también combata la desinformación que busca fracturar al Cesar. Exijan al Gobierno Nacional recursos para la seguridad rural y para canales de comunicación confiables que lleguen a cada vereda, llevando tecnología, inteligencia y presencia estatal donde hoy reina la duda. Refuercen los juzgados locales, agilicen la justicia para que sea restauración y no solo castigo, y creen unidades especializadas en investigar y contrarrestar campañas de desinformación. 

Proyectos que transformen el dolor en esperanza, como los solicitados al presidente Petro, pueden convertir comunidades en faros de paz. El Cesar merece un tener que sea tranquilidad, que sea verdad plena, que sea un futuro donde nadie tema ni la bala ni la mentira.

Tejiendo el mañana con manos del Cesar

Alcalde Orozco, Gobernadora Sanjuán, el Cesar los mira con ojos de fe y espera que sus obras sean el amor que esta tierra necesita, un amor que ordene el territorio, fortalezca sus instituciones y devuelva la paz a sus gentes. Porque en este Valle, donde la vida canta y el corazón resiste, la verdad será el cimiento de un legado eterno, tejido con la fuerza de un pueblo que sabe levantarse y caminar unido.

@YarimeLobo

Arte y cultura Opinión

Por: Eduardo Santos Ortega Vergara

 Tuve la oportunidad de ir a Maderos Teatro el pasado fin de semana, pusieron en escena una obra espectacular. Un encuentro con la realidad que vivimos en un pasado no muy lejano y que hoy todavía nos sacude de manera cruda y cruel.

Un Canto para Sororia es la interpretación del dolor de pueblo, el eco de la serranía, el llanto de mujeres y niños al ver los cuerpos de sus hombres profanados por la maldad y el odio inmisericorde que atraviesa las montañas y sacude el alma, esas montañas que lloran de rebeldía y de dolor profundo ante la impotencia de no poder hacer nada.

Me deleité en esa obra, al ver el arte sublime de poesía y un encuentro especial con su esencia.  Ir a teatro, es una manera de hacer catarsis, de mostrarnos en rebeldía ante la perversidad de realidades absolutamente crueles, de masacres y violencia; de corrupción y robos descarados de la vida y de la tranquilidad que la naturaleza ofrece, profanada por la crueldad de quien mata con sevicia
Ir a teatro es otra manera, sentida además, de solidarizarnos con las victimas del infortunio, la muerte, la incultura y una forma de darle luz a la sombra del incapaz de amar, que desconoce la poesía y el arte.

De esta manera podemos, además, apoyar el arte tan nuestro y que tanto necesita de aplausos que broten del manantial de amor sincero de cada uno de nosotros.

Talento exquisito, poesía rebelde

Un canto para Sororia es poesía rebelde; una obra pura, en donde se conjugan dos esteras, un pilón tamaño miniatura, un cuchillo, una totuma, un pedazo de tela y una venda, siete elementos que serían cuerpos inertes sino funciona la magia y el talento absolutamente exquisito de Carolina Rodríguez esa espectacular actriz, que se entrega de manera extraordinaria y pone en juego esa versatilidad que la hacen única.

Cada elemento toma vida de manera secuencial y una música exquisita que ayudan a la artista y secundan en el espacio cada personaje, para degustar la obra con mayor interés.

Maderos teatro, un teatro de madera fina

Una obra que nace en las voces que presenciaron el horror de la guerra, un poema escénico sostenido con el cuerpo, la danza, y un relato desgarrador tejido con las bellas palabras de la naturaleza del Perijá. Esto nos manifiesta su director Deiler Arzuaga.

“Una metáfora para contar una verdad. es una pieza que, fundamentada en la poesía, narra un capítulo de la barbarie que azotó a los aldeanos de esas montañas”.

Oropéndola, Sororia, Perijá, Chamicero, y la muerte, quien cuenta la historia, son los protagonistas que brotan cual manantial de amor de una misma fuente. Carolina hace voces, canta; habla con sus brazos, sus piernas, su pelo, su mirada esquizofrénica por momentos, tierna y pura también; se encuentra con la emoción; llora, danza y se entrega al eco lejano del dolor que brota del silencio del nido de oropéndola, de su tristeza y de la fuente de la esperanza.

Protagonistas

Hay que resaltar el impecable trabajo de la actriz: Carolina Rodríguez González, la música exquisita de: Alejandro Aaron Quiñones. El trabajo de dramaturgia: Leonardo Aldana Hoyos, y la especial dirección de: Deiler Arzuaga. Una producción pura de Maderos Teatro.

Giras y promociones

La Obra, “Un Canto Para Sororia” del colectivo Maderos Teatro, ha sido invitada al XXX encuentro nacional comunitario de Teatro Joven, en Antioquia.
Estas son algunas de las fechas de esa gira: jueves 24 de julio, Teatro Tecoc; viernes 25, Nuestra Gente; sábado 26, Teatro Matacandelas; lunes 28 de julio, Teatro Bitácoras.

El maestro Deiler manifiesta su agrado por los comentarios emitidos desde una de las salas donde se presentarán: “La montaña la vio desobedecer… el tigre la vio jugar… y luego, morir. Pero Sororia, el joven tigre, no está dispuesto a dejarla ir.
¿Puede un cuerpo roto volver a florecer?


Este jueves 24 de julio prepárate para adentrarte en la serranía… donde incluso los muertos pueden volver a mirar”. ¿Te atreves a verla hasta el final?
Los invitamos a disfrutar del teatro, en Valledupar está Maderos Teatro, un teatro de madera fina. Sólo Eso