Cuento

“El Cuento de Pedro”

Por: Pedro Norberto Castro Araujo

Hay quienes prestan un servicio voluntario a la sociedad, sin esperar nada a cambio. Doña Elisa  Castro de Dangond fue una mujer emblemática, la centenaria matrona quien a sus 100 años, dejó tras de sí un legado de virtudes, servicio y entrega a la comunidad. Ella será recordada como una mujer virtuosa, noble y humilde, que dedicó gran parte de su existencia al trabajo cívico y al servicio de los demás. Igual que Alix Castro Vásquez de Martínez, quien dejó huellas en el campo social como miembro de la Liga de Lucha contra el Cáncer, desde allí impulsó programas de prevención y atención. Mujeres que son símbolo de civismo, entrega comunitaria y ejemplo de fortaleza , nunca se apartaron de las causas sociales y cívicas. Su espíritu solidario será recordado por haber sido motor de obras que aún brindan consuelo, esperanza y acompañamiento a cientos de pacientes y familias que luchan contra el cáncer.

Conversando con Socorrito Oñate en el municipio de La Paz, me comentaba que los pacíficos eran muy solidarios, al mismo tiempo me señaló a José Tobías, para decirme: El es mi hijo.

Incrédulo pensé: Pero si José Tobías, es el hijo de Tobías y María Teresa. 

Tienes razón: Lo que sucede es que María Teresa estando en proceso de lactancia, la leche no le bajaba y yo en solidaridad me hice cargo del bebé. Yo estaba recién parida de mi hijo Iván y producía mucha leche, tanta, que varias primerizas hacían cola para que les ayudara a amamantar a sus bebés.

Mañe Alí, magangueleño de pura sepa, me contaba que ellos eran muy solidarios. Hace 50 años, Magangué era el principal y màs importante centro de comercio fluvial sobre el río Magdalena, con una economía basada en la pesca, la ganadería, el cultivo de arroz y el tabaco, sin embargo, igual que en todo el pais; en los años 70 Colombia sufría de muchas precariedades sobre todo en vías de penetración, salud y agua potable, los hospitales eran públicos y mujeres, pudientes o no, parían en los centros de salud del gobierno, en aquella època se asomaban al sistema de salud los primeros ginecólogos, antes de ellos los partos eran atendidos a la suerte de expertas comadronas, pero con los avances de la ciencia y con rubro estatal, fueron construidos modernos pabellones de maternidad especialmente en las ciudades capitales y en aquellos municipios de Colombia  como Magangue, principal  epicentro portuario y comercial en la región  de la Mojana. 

Me comentó además que Tati, una hermosa mujer de cabellos rubios ensortijados, de descendencia  siria, nacida y criada en el municipio de Magangué, selló su pacto de amor, frente a la la Virgen  de la Candelaria, con pomposa ceremonia, contrajo matrimonio católico, en sagradas nupcias con José Miguel, otro paisano sirio y fruto de su amor nació su primogénito a quien le  pusieron el nombre de Pedro. Ella, casada desde muy joven no gozó de la virtud de producir abundante leche materna, la leche producida no le era suficiente para abastecer la gula de su hijo.Suerte para la primeriza mujer,  que en el pabellón de neonatos habían màs de 100 mujeres magangueleñas  recién paridas, la solidaridad fue tanta que realizaron un festival lácteo para ver qué mujer producía màs leche y que niño ganaría por ser el màs glotón; Pedro se llevó el galardón y se convirtió en el niño màs comelón de la región de la Mojana, ganó los aplausos y la fama de haber pasado de cama en cama degustando exquisitos manjares, de 100 mujeres competidoras, pasó de brazo en brazo y de teta en teta para poder saciar su hambre. 

Arte y cultura Crónicas

Por Juan Rincón Vanegas@juanrinconv

 Cuando el palpitar de la añoranza no se quería marchar del corazón de una adorada mujer, ella optó por dejar constancia que todo se había perdido en aquellas sombras borradas por la luz de la aurora, provocando que el día fuera perfecto.

 Entonces para poner en marcha su proclama, la cantautora Rita Fernández Padilla, se sentó en el viejo piano que le regaló por allá a comienzos del siglo pasado su abuela Josefa María Padilla a su mamá María del Socorro Padilla de Fernández, haciendo el ejercicio de tocar sus teclas y, con versos que había escrito en una hoja de cuaderno, comenzar a cantar. Al terminar esa ponencia musical pensó en el título, resumiéndolo en dos palabras: ‘Sombra perdida’.

 Ese sentimiento que marcó su vida lo bordó con su talento y tiempo después la canción fue llevado a la pasta sonora por Rafael Orozco e Israel Romero, El Binomio de Oro ‘De Caché’, corte uno del lado A. Ese acontecimiento sucedió el jueves 17 de abril de 1980.

 Para ella no fue difícil recorrer en su pensamiento el sordo camino de la ausencia enmarcado en sombras perdidas, donde su amor no tuvo eco, muriéndose irremediablemente debajo de incontables estrellas que se negaron a alumbrar su cielo. “¿Queeeeé fuiste tú para mí? Un grito que se ahogó en la distancia, un sol que murió con la tarde. Un cielo colmado de estrellas en noches veraneras fuiste tú para mí. Tú fuiste el ave de paso, que vino a posar en mi vida. Hoy solo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

 Recuerdos del corazón

 Rita Fernández con esa sonrisa que nunca esconde para no darle oficio a la tristeza, se transportó a aquel recuerdo. “La canción la compuse al inicio del año 1980 y no me demoré en hacerla, tampoco la aplacé para más adelante. Nació en un solo día. Tiempo después me reuní con Rafael Orozco e Israel Romero, y se las interpreté en el piano. Ellos me la hicieron repetir, les encantó y luego me prometieron grabarla. Fueron testigos de este hecho los compositores Gustavo Gutiérrez Cabello, Santander Durán Escalona y Fernando Dangond Castro”.

 Estando en ese viaje rápido de la memoria, continuó: “Esa canción en el acordeón de Israel Romero y la voz de Rafael Orozco, calcó todo mi sentimiento y sigue sonando como si fuera ayer. Tengo una cantidad de anécdotas, pero me quedó cuando Rafael la cantó estando yo tocando el piano y me pude transportar al día que la hice. Vea, ya hacen 45 años”.

Cuando hasta el mapa del adiós se había perdido, no se podía dejar suelta la pregunta sobre quién hizo posible el nacimiento de esta bella canción. Ella hizo una exposición de esas que cierran todas las puertas. “Todo comenzó cuando creí en una persona pensando que era sería, transparente y con las mejores intenciones, pero no fue así. Había que cerrar esa puerta con doble candado”.

No quiso decir el nombre del protagonista, pero se le preguntó sí era un médico vallenato. Ante esto, manifestó: “Puede ser, aunque digo que a las cosas se les pierde el encanto cuando tienen tanta revelación, y por eso mis canciones cuando nacen son libres y no las dejo atadas a nada”.

De repente, confesó que el amor poco hizo cuna en su corazón, y la suma de los sentimientos no le daba el mejor resultado. “Para mí el amor fue muy difícil porque siempre prefería mi música y me la pasaba haciendo presentaciones. Entonces, saltaban los celos de los novios, y eso se convertía en un gran inconveniente. Tuve muchos pretendientes porque la música es un gran atractivo y también por mis cualidades. Al ver esos episodios les daba la espalda a esos amores”.

Al explicar ese proceso, añadió su propia conclusión. “Llegó el momento en que me di cuenta que el matrimonio no era para mí. Si estuviera casada, otra fuera la historia, y no hubiera podido llegar a concretar mi pasión por la música que me ha dado tantos honores. Estoy convencida que no todos los seres humanos se realizan de la misma manera. Definitivamente, las canciones son mis hijas y esa es mi gran realización”.

 La cantautora nacida en Santa Marta, entrando en el plano de otra clase de amor, señaló: “El único amor que nunca me ha fallado es el de la música vallenata”. Calló un instante, y luego perseveró en su relato: “La música tiene un sentimiento puro, noble, generoso, espontáneo, y eso provocó que creara en 1968 la agrupación femenina ‘Las universitarias’, con la cual me presenté en el Primer Festival Vallenato, interpretando varias canciones de mi autoría”.

Sombra del ayer

Con la canción ‘Sombra perdida’ la cantautora Rita Fernández, supo curar sus heridas, romper su silencio y pensar más de dos veces en volver a cultivar amores. Siguió componiendo, pero de todas maneras esa historia no ha dejado de perseguirla porque se convirtió en un clásico del vallenato, y como lo dijo un fanático, se escucha hasta en Capernaúm. “Prefiero sentir ya tu ausencia saber que no estás en mi vida. Hoy sólo eres sombra perdida, vagando en recuerdos de ayer”.

Aunque en aquella ocasión la felicidad fue de corto vuelo y el corazón no alcanzó la máxima nota del amor, ella sigue sentada en aquel viejo piano donde nacieron bellos cantos, entre ellos el más grande homenaje a Valledupar, la tierra que le abrió sus brazos sin pedirle pasaporte.

Durante la entrevista destacó a las dos ciudades pegadas a su corazón, Santa Marta y Valledupar, a su padre Antonio María Fernández Daza, quien le marcó el camino de la música y al reconocimiento que le hicieran en el Festival de la Leyenda Vallenata del año 2019.

En la agradable charla matizada con sonrisas nunca guardó silencio, igual que aquella vez cuando el médico de la historia no quiso formularle la medicina para el mal del corazón, y ella con la magia de su inspiración en pocas horas supo convertirlo en sombra perdida.

Cuento

“El cuento de Pedro”

Por: Pedro Norberto Castro Araujo

El 5 de junio de 1892 nació mi abuelo quien se educó en los Estados Unidos, sus padres de mentes progresistas y aprovechando las influencias de mi bisabuelo don Óscar Trespalacios Cabrales, a temprana edad lo enviaron a cursar estudios de educación superior en la Universidad de Brooklyn en New York optando por estudiar la carrera de química farmacéutica con especialidad en jabonería y curtiembres. Viajó acompañado de sus primos Aníbal Guillermo Castro Monsalvo y Roberto Pavajeau Monsalvo (primer odontólogo que tuvo Valledupar). Guillermo Castro, como buen Trespalacio, hizo honor a su genética masculina y en la ciudad de New York, se enamoró de la señorita Ana Taylor, una linda americana, rubia de ojos claros con quien contrajo matrimonio, fruto de su amor, nació Any Castro Taylor una linda niña de ojos azules de piel trigueña.

Al estallar la primera Guerra Mundial, en 1914, planteó a su esposa fijar su domicilio en Valledupar, ella sin argumentos convincentes, rehusó la idea, dando pie a la separación, decide no acompañarlo en su viaje de regreso a Colombia y confirma quedarse en la ciudad de Nueva York. El 31 de octubre de 1919 se casa en segundas nupcias con mi abuela Josefina Mercedes Castro Monsalvo; la pareja de esposos, igual que mis bisabuelos, Celso de Jesús Castro Baute y Ana del Rosario Trespalacios Araujo, envían a estudiar al extranjero a su hijo Celso, quien se matriculó en la facultad de ingeniería de petróleo en la universidad Alberta ubicada en la provincia de Alberta en Canadá; y quien se obligó a retornar al país en 1945 tras la muerte súbita de su padre.

Con la inesperada ausencia de mi abuelo, quien violentamente muere a los 53 años; mi padre como hermano mayor queda a cargo de los bienes y de la responsabilidad de manejar el patrimonio familiar. Pasado el duelo, mi tío insistió a su hermano Pepe que viajaran a la finca a inspeccionar los hatos ganaderos y contabilizar el ganado apastado en ellos. Mi abuela, de acuerdo con la responsabilidad de los hijos varones, desde tempranas horas de la madrugada alistó el fogón que ardió con leña de Brasil, preparó café y opíparo desayuno compuesto de leche hervida extraída de vaca recién ordeñada, arepa de queso asada, acompañada de carne molida y desmechada, bocachico frito, arepuelas con abundante anís y aguacate de Manaure; para llevar les entrega un envuelto que alojan en sus alforjas con 20 arepas de asiento, carne frita y chicharrón con bollo con queso, suero salao, yuca fresca extraída de la huerta casera y un galón de agua fresca del rio Guatapuri; para que los jóvenes vaqueros no padecieran de hambre y sed, por lo menos hasta que llegaran al sitio de reposo donde les tomaría el medio día en inmediaciones de la hacienda Villa Rosa, ubicada en las sabanas de Mariangola donde les asegurarían almuerzo abundante de carne salada oreada al sol.

Al pasar por las sabanas del Diluvio en dirección al hato “Los Alpes” ubicado a orillas del río Lajas, mi padre Pepe Castro ya se encontraba fastidiado por cuanto Celso,su hermano, no había concluido el cuento empezado desde su salida de Valledupar, donde le relató la historia de un apasionado amor con una rubia de ojos verdes a quien un hombre vallenato segado por amor le entregó todos sus bríos. Mi padre avezado en cosas del amor y don Juan en asuntos de mujeres, venía fastidiado por cuanto Celso, no hacía sino halagar a la hermosa doncella y en extenso relato detalló el gran día cuando vio su rostro por primera vez, de lo dulce y amorosa que era, habló de la distinguida dama y del origen noble de su familia, de lo linda y hermosa, inteligente y virtuosa. Mi padre sobresaltado, con el sol incandescente de las sabanas de Camperucho, con deseos de llegar a los Alpes; apretó fuertemente las piernas en las aletas de los estribos, ágilmente espuntó con sus espuelas la piel del moro mular, quien recobró el brío sacudiendo sus piernas traseras y lanzando vientos al aire; por su parte mi padre bajándose la visera de su sombrero Stewsom le dice: “Celso apura el paso que con tu paciencia ya voy escaldao…. Yo por aquí en asuntos de mujeres no doy tanta vuelta, llevamos màs de 12 horas cabalgando en extenuante jornada y todavía no sé si esa mujer se entregó a ti en apasionado amor. Estuvo contigo o no… Por ello en asuntos de mujeres no cambio a las morenas provincianas de Valencia, Aguas Blancas, Mariangola, Los Venaos y Camperucho que no dan tanta vuelta para emprender un furtivo y fogoso amor; tampoco doy tanta vuelta como tu, cuando en asuntos de mujeres me quiero enamorar.

Cuento

“El Cuento de Pedro”

Por: Pedro Norberto Castro Araujo 

En  encuentro casual con Camilo Namén, Benjamín Calderón, Blas Garcia, Augusto Daza Morón, Abdón Peralta, Jaime Sarmiento Daza y Micael Cotes Mejia, coincidimos en casa de Gervasio Valdeblánquez en Barranquilla, donde fuimos invitados al bautizo de su hijo menor, quien ofreció una fiesta en su honor en la hacienda “La Rosita” la cual fue amenizada con orquestas traídas de República Dominicana y Puerto Rico tales como Wilfrido Vargas y el Gran Combo, que alternaron con agrupaciones vallenatas de alto nivel, como los Hermanos Zuleta, Jorge Oñate y Beto Zabaleta.

Coincidencialmente Eduardo Dávila Armenta  compartió mesa conmigo y  en ese ambiente de fiesta y de jolgorio reíamos a carcajadas con el pulmón del vallenato, Poncho Zuleta, con quien amenamente departíamos y  le sacaban chistes y  anécdotas a hechos relevantes del pasado, acontecidos en sus vidas y que con el pasar del tiempo se fueron calmando para suavizar el fraternal vinculo de la amistad.

Poncho y Eduardo fueron escogidos por su compadre Gervasio para ungir en santo sacramento al menor de los Valdeblánquez. Cuenta Eduardo Dávila que en alguna oportunidad le pide el favor a Poncho Zuleta, que lo presente con el Negro Amarís. Su intención era adquirir varios vientres de la raza Brahman para iniciar un importante pie de cría, asegurándose que provinieran de una ganadería pura, de alta genética y registrada ante Asocebú.

Poncho, pícaro y astuto, decide hablar con su amigo Rafael Amaris, propietario de la hacienda rancho Ariguani. Amarís, animado por el negocio organiza el encuentro en su finca ubicada en jurisdicción del municipio de Bosconia.

El Negro Amarís le muestra a los distinguidos visitantes una vitrina de mil novillas y Dávila se satisface escogiendo, 100 vientres y 10 toros reproductores. La astucia de Poncho fue más allá y pícaramente le dice a Dávila que le solicite al Negro 100 novillas adicionales, que él las cancela una vez paguen las regalías del larga duración “Mañanitas de invierno”. 

Dávila Armenta accede a lo solicitado por su amigo y saca de un portafolio de maniguetas en cuero con el sello estampado de Fedegan, varios rollos de billete y paga en efectivo las primeras 100 novillas y por las segundas extrae una chequera “Lengua de Vaca” del Banco Ganadero y gira un cheque posfechado a 30 días para garantizar el pago de las 100 novillas que escogió Zuleta, para llevarlas con destino a “Mi Salvación”

A los 30 días, y en vista de los múltiples requerimientos, llamadas y mensajes enviados a Poncho, quien nunca aparecía con el dinero a recoger el cheque, por cuanto siempre se excusaba y salía con evasivas vanas, de que se encontraba de gira en el exterior o de situaciones similares, dada la negativa de Poncho de pagar las novillas, el Negro ya prevenido e informado, un poco incómodo e inconforme, llama a Eduardo y le pide que interceda con Zuleta para ver qué día puede hacer efectivo el cheque. 

El KuinKi Molina que escuchaba la llamada que Amarís le hiciera a Eduardo, le dice: Negro ya encontraste la mejor fórmula para adelgazar. 

Porque Kuinki ?

…Negro esa platica ya se te perdió.

…Es como si la hubieras tirado al mar..

… La mejor receta para adelgazar es servirle de fiador a Poncho y la otra..  es que Zuleta te deba… 

Arte y cultura Crónicas

Por : Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

 Las palabras de Miguel Morales, padre del cantautor Kaleth Morales, son muy elocuentes. “Hijo, el dolor y la tristeza siguen intactos. Te amo hijo, que Dios te tenga en la gloria”. Todo se encierra en un adiós eterno que no tiene olvido, tampoco ausencia porque el recuerdo permanece en primera fila.

Hace 20 años, 24 de agosto de 2005, la noticia de su muerte sacudió el sentimiento del mundo vallenato porque el muchacho, quien contaba con 21 años, se había ganado un amplio espacio musical por su carisma, talento, espontaneidad con el ingrediente de tener la melodía justa a la letra de sus canciones, las cuales contaban con el toque preciso para imponerse de manera rápida.

Es así como comenzaron a escucharse obras de su autoría como ‘Pin pon pan’, ‘Vivo en el limbo’, ‘De millón a cero’, ‘Todo de cabeza’, ‘Siete palabras’, ‘Mis cinco sentidos’, ‘La hora de la verdad’, ‘Mary’, ‘Ella es mi todo’, ‘Se va a formar’, ‘El guante’, ‘Destrozaste mi alma’, ‘Reina de mis sueños’, ‘Novios cruzados’, y ‘Anónimo’, entre otras.

De esta manera el hijo de Miguel Morales y Nevis Troya, hermano de Kanner, Keyner y Eva Sandrith y padre de Katrinalieth y Samuel, dejó una huella imborrable en su familia y en el mundo de la música vallenata, convirtiéndose en un artista triunfante que era solicitado en distintos escenarios.

Entonces el médico quien culminó sus estudios de medicina en la Universidad del Sinú de Cartagena, no se ponía su bata, tampoco asistía al consultorio para recetar o mandar exámenes, sino que se convirtió en el ‘Rey de la Nueva Ola’ vallenata. Sin esperarlo, en corto tiempo revolucionó todo con su estilo fresco y talento indiscutible. Su fórmula fue meterse en ese mundo donde nunca estuvo solo sino acompañado por multitudes que coreaban sus canciones, siendo la principal ‘Vivo en el limbo’.

Kaleth Miguel Morales Troya, quien nació el 9 de junio de 1984 en Valledupar, recibió el mayor reconocimiento por sus composiciones que se hicieron famosas gracias a la interpretación de varios artistas. Además, logró enamorar al público con su voz, convirtiéndose en uno de los jóvenes exponentes de la música vallenata.

Ha pasado el tiempo y se recuerdan las palabras del cantante Silvestre Dangond. “Con Kaleth compartimos muchas cosas y hasta grabamos un tema a dúo ‘Se vá a formar’. En verdad fue un compadre ejemplar y el más grande silvestrista. Él dejó una marca al hacer fusiones musicales con una fuerza arrolladora”.

En viva voz

En varias ocasiones Kaleth Morales, tuvo a bien entregar sus conceptos sobre su carrera musical que arrancó a toda velocidad y se detuvo inesperadamente. Todo era alegría, cantos y proyectos que marcaba desde su memoria para estar en los primeros lugares. Era un dechado de virtudes encontrando el camino ideal para llegar lejos.

“No me considero revolucionario, ni rey porque solamente presenté mis canciones y estas han calado en todos los gustos. Tampoco es una propuesta musical, son canciones que hice a mi manera, a mi estilo y he tenido la fortuna que se han pegado por sí solas”.

“Siempre me he preguntado que tiene ‘Vivo en el limbo’ que se impuso, pero creo que por su ritmo pegajoso y letra sencilla. Esa canción me abrió las puertas, y es más, he dejado por un rato mi profesión de médico para apostarle a la música, una pasión que encontré en el mundo vallenato, un mundo que conozco”. 

“Espero sostenerme, pero no es fácil. A mi lado tengo a grandes cantantes que admiro y merecen todo mi respeto. Lo cierto es que la música es para alegrar el corazón, el alma y se receta cantando”.

Kaleth Morales desde niño era inquieto porque donde vivían sus padres, primero en el barrio Los Fundadores y después en el Primero de Mayo de Valledupar, era frecuentado por músicos día y noche. Él solamente escuchaba y grababa ese entorno, sin saber que los años siguientes sería protagonista al seguirle los pasos a su padre Miguel Morales. Además, añadirle ser compositor. Ese que traspasaba las fronteras del corazón donde se miraba con los ojos del alma.

La anécdota

Su inesperada y trágica muerte fracturó todo el entorno de la música porque sus canciones tenían la esencia del imaginario vallenato. En ese sentido sus canciones eran pegajosas. Es así como en cierta ocasión el maestro Enrique Díaz, estaba haciendo una presentación en tarima y una joven comenzó a jalarle la bota del pantalón solicitándole a gritos una canción de Kaleth Morales. “Maestro, maestro, por favor ‘Vivo en el limbo’. Esa canción es muy bonita”. Ante ese clamor el acordeonero Enrique Díaz, paró el conjunto y le dijo. “Vea, muchachita, si tú vives en el limbo, yo vivo en Planeta Rica”.

La historia de Kaleth Morales sigue en línea recta y cada aniversario de su despedida de la vida, es motivo para añadirle una nueva añoranza, visitar su tumba y su padre interpretar varias de sus canciones, teniendo motivos para llorar. De igual manera, darle gracias al ‘Kaletismo’, ese sentimiento que se renueva cada vez que se escuchan sus cantos.

Definitivamente, cuando un hijo se muere, se desprende un pedazo del alma, pero su memoria se fortalece apareciendo los versos que pintan el recuerdo en toda su dimensión. Entonces, desfila ‘Siete palabras’, aquella canción de Kaleth Morales, donde una de ellas es “Sueños”, cayendo el tiempo con calma al escucharse una melodía triste, acompañada de los latidos quebrados del corazón donde la noche en un cerrar y abrir de ojos se hace día.

Cuento

“El Cuento de Pedro”

 Por: Pedro Norberto Castro Araujo 

 La Castramenta del Valle se volcó a darle el último adiós a la matrona vallenata y miembro de la familia Castro, doña María Elena Castro Palmera de Quintero, madre María Clara, Hernando, Arturo, Jorge Eliécer y Juan Carlos Quintero Castro, destacados miembros de la sociedad, nacida el 4 de diciembre de 1923 y casada con el distinguido abogado doctor Clemente Quintero Araujo. Los actos fúnebres fueron precedidos en la Catedral del Eccehomo por Monseñor Oscar Vélez Isaza.  

María Elena, como cariñosamente le llamábamos los vallenatos, nació en la vieja plaza de Valledupar, era la segunda de los hermanos Castro Palmera, concebida dentro de la unión de  mi tío Anibal Guillermo Castro Monsalvo y doña Dominga Palmera Baquero, nieta de José María Castro Baute y Rosa Monsalvo de Castro y hermana de Enrique, Alfonso (Poncho), Rodrigo, Elisa, Joselina y José María “Chema” Castro Palmera.

Eduardo Castro Maya, a su 92 años, ha sostenido que después de María Concepción Loperena de Fernández de Castro, nuestra heroína nacional, la mujer, más importante que ha parido esta tierra fue María Elena Castro Palmera. Por innumerables razones, los Castros en su genética ancestral se han identificado por el servicio a la sociedad a través del ejercicio del poder público, tradicionalmente la familia Castro ha servido desinteresadamente a la comunidad; recordemos que en 1855 el Coronel Pedro Norberto Castro Araujo, nieto de la Loperena de Fernandez De Castro, fue el primer gobernador del departamento del Valle de Upar, sucedido por muchas personalidades de la familia entre los que se destacan, Pedro Castro Monsalvo, dos veces ministro de Estado, gobernador, senador y candidato presidencial; Pedro Norberto Castro Trespalacios, abogado, investigador e historiador, Magistrado del Tribunal Superior de Santa Marta, cónsul en Panamá en 1927 y Representante a la Cámara en 1938, Gustavo Castro Guerrero, exministro de agricultura, Carlos Alberto Castro Maya, José Guillermo “Pepe” Castro Castro, Guillermo Castro Daza, Juan Carlos Castro Arias y Álvaro Araújo Castro exsenadores de la República de Colombia, Iván Castro Maya, Representante a la Cámara por el Cesar, Guillermo Castro Mejia, Tomás Rodolfo Mejia Castro, Armando Maestre Pavajeau, José Santos Castro González y Ciro Pupo Castro, exalcaldes de Valledupar, Álvaro Castro Castro, Alberto Castro Baute, Hernando Castro Daza, diputados del departamento, Guillermo Castro Castro, José Rodolfo Castro, Ciro Agustin Castro, Guillermo Ruiz Castro, Chechito, Rober, Juancho y Juanchi Castro, concejales de Valledupar, María Inés Castro de Ariza primera gobernadora del departamento del Cesar y María Clara Quintero Castro primera alcaldesa de Valledupar.

 María Elena Castro fue una mujer emprendedora dejó un legado imborrable como pionera del comercio moderno y el desarrollo económico en Valledupar, un ser humano multifacético, incansable y reconocida por fundar en 1957 la primera supertienda de abastos en la ciudad, un negocio que revolucionó el comercio local y sentó las bases del crecimiento económico regional.

Sumado a su preocupación constante por el bienestar de sus congéneres, fundadora del voluntariado de las Damas Rosadas y de las Damas voluntarias de la Liga de Lucha Contra el Cáncer.

Su bandera siempre en alto será inspiración para nuestra comunidad y ejemplo de nuevas generaciones. La vitalidad de María Elena fue única, no sólo se esforzó por las actividades de emprendimiento comercial sino por aquellas ligadas al servicio social, sano orgullo para la familia Castro y ejemplo para la sociedad valduparense.

Cuento

“El Cuento de Pedro”

Por: Pedro Norberto Castro Araujo 

Durante años ha existido cercanía familiar entre  los Castro y los Turbay; mi padre Pepe Castro, tuvo el honor de bautizar a Carolina Hoyos Turbay, hija de Diana, cimentándose desde allí los lazos de amistad entre ambas, por ello no era sorpresa,  que Miguel Uribe Turbay, en Valledupar, pasara a casa de mis padres en obligatoria visita y acudía en compañía de su tío Julio César Turbay Quintero a llevarle a mis padres recuerdos de su abuelo el expresidente Turbay.

Conocí de sus ideas progresistas en conversación amena en la calle del Cesar, era  candidato al Senado allí tuve la oportunidad de saludarlo, la amistad se entrelazó aún más,  como senador y precandidato presidencial del partido Centro Democrático, frecuentaba a menudo la ciudad de los Santos Reyes.

Recordemos que en  la época que gobernó su abuelo también se ejercía oposición y conocemos que su abuelo tenía muchos detractores, eran opositores de ideas donde se sentaban posturas con debates fuertes y contundentes; por su parte, Miguel hizo oposición a un descarrilado gobierno y por defender los intereses de la patria a través de sus  ideales y fuertes posturas al sistema anárquico actual, terminaron arrinconándolo y llevado al paredón de fusilamiento. 

El año pasado para la fecha de mi cumpleaños, pasó a felicitarme y  tuve el honor de recibir en mi residencia al joven candidato presidencial Miguel Uribe Turbay; hablamos de todo en una tarde amena y espléndida que se extendió hasta las primeras horas de la noche y terminó con una amable invitación al Molino, al altar de la Virgen del Rosario, por parte de nuestro amigo “El Mono” Cruz Zabaleta.

A Miguel  le gustaba que le contara los anécdotas de mi padre Pepe Castro, quien gobernó al departamento del Cesar precisamente cuando  su abuelo Julio César Turbay 

Ayala representaba a la Nación, como Presidente de la República de Colombia.

Es natural que quien gobierna, así  gobierne bien; siempre encontrará oposición de sus buenas obras; paradójicamente  los opositores de mi padre pertenecían a la misma línea conceptual que él. Curiosamente con los de diferente línea conceptual nunca encontró barreras políticas, por el contrario, gozaba del aprecio y amistad de muchos conservadores que se identificaban como “Godos Pepistas.”

El día que Miguel me visitó reía a carcajada con las anécdotas políticas de la época en que su abuelo gobernó al país. Los contrarios de mi padre  los exparlamentarios Carlos Arturo Marulanda Ramírez, Jesús Namén Rapalino, Alfonso Araujo Cotes, José Antonio Murgas, Milciades Cantillo Costa y Adalberto Ovalle Muñoz (Con quienes mi padre terminó realizando alianzas) habían solicitado una audiencia con el presidente Turbay Ayala, el objetivo del grupo de liberales era solicitar al señor presidente, la remoción y destitución del gobernador del departamento. Realmente los argumentos de los opositores eran vagos, carentes de fundamentos y contenido en consideración a que el gobernador  venía haciendo las cosas bien.

Como humanos no somos perfectos y el único vicio que tenía mi padre era el de las mujeres y precisamente era la misma debilidad del presidente; como los opositores no pudieron cuestionar la buena administración de Pepe Castro, en palabras del creador del departamento, doctor José Antonio Murgas quien sustentó la tesis que el gobernador del Cesar  daba mal ejemplo a sus conciudadanos, por cuanto en cada rincón del departamento, poblado, vereda o zona corregimental, tenía una amante.  Ante la valiosa intervención del orador cesarense, el presidente Turbay Ayala ordenó a su secretaria llamar  con carácter urgente al señor gobernador del Cesar, mientras conectaban la llamada, el grupo de opositores se hacían señas con risas pícaras, frotes de manos por debajo de la mesa y miradas alegres de haber conseguido exitosamente la destitución del burgomaestre departamental. Y/o sorpresa, cuando al presidente le anunciaron que tomara la llamada; al alzar el auricular, saludó con mucho cariño al señor gobernador con palabras afectuosas en donde se reflejaba una amistad íntima y sincera para expresarle: Compadre Pepe, acá tengo en mi despacho una visita oficial de líderes liberales que me han hablado muy bien de usted, me dicen que usted tiene mujeres en todos los rincones del departamento, como hace para tener tantas,  por favor no olvide enviarme con ellos la formulita.

Cuento

“El Cuento de Pedro”

Por: Pedro Norberto Castro Araujo 

A mediados de los años setenta, Tomás Alfonso, comenzaba a perfilarse como ganadero y en dicha actividad quería expandir sus feudos, para hacerlo debía comprar un potrero aledaño a su finca “Mi Salvación.” Por la oportunidad; requería conseguir un préstamo económico, ágil y oportuno, por ello se trasladó a la arenosa en busca de apoyo financiero.

Recomendado llegó a la Caja de Cambios “Veinte de Julio” de propiedad de don Gaspar Lubo Vanegas, un respetable y reconocido comerciante oriundo de Riohacha.

Lucky Cotes previamente había llamado telefónicamente a “Gasparito” para que le cambiara el cheque que Poncho había extraído de su chequera “Lengua d’ Vaca” que le habían entregado días previos en las oficinas de la Caja Agraria, sucursal – Astrea.

Al transar el negocio, Zuleta giró el cheque por valor de un millón de pesos con el compromiso de recogerlo en un plazo máximo de un mes. Con el dinero en el bolsillo, Poncho se devolvió al Cesar con el ánimo de sellar el negocio de la adquisición de la propiedad; al llegar a Arjona, a través mi compadre Javier Garcia le envió recado al vendedor de la tierra mandándole a decir que ya tenía el recurso para finiquitar la compraventa del inmueble. Al día siguiente cerró el negocio de la parcela “Tengo Ganas” con el señor Armenio Delgado.

En esa época Los Hermanos Zuleta, tenían mucha actividad musical en todo el país y a Poncho se le olvidó por completo el compromiso pactado con don Gaspar. El día que debía recoger el título valor, Zuleta recibió una llamada de su acreedor quien le exigía cancelar la deuda. Tomás Alfonso apenado por cuanto no había conseguido el efectivo para devolverlo se fue para la capital del Atlántico y astutamente a su llegada a la ciudad habló con José Cotes, dueño del afamado hotel Royal para que le reservara una habitación y le apartara el gran salón; al contar con el recinto asegurado llamó a invitar a un grupo de seguidores guajiros deseosos de parrandear entre ellos su compadre Lucky y su hermano ‘Chema’ Cotes, Gervasio Valdeblánquez, ‘Pocholo’ Gómez, José Aponte Romero, Vitico Anichárico, Kiko y Serafín Valdeblánquez, Alcibiades “El Chijo” López, Tianto Durán, Enrique Coronado, Juvenal Paz González, Samuel Alarcón, Chopi Rosado, Santa Lopesierra, William Curvelo, y ‘Gasparito’ quien fue el invitado de honor a esta parranda.

Gasparito convencido de que Zuleta cumpliría con el compromiso de recoger el título valor; llegó con el cheque en el bolsillo tal cual habían pactado. Después de un par de horas de música y de acordeón interpretada por Emilianito, de elogios, cantos y versos de Poncho dirigidos a “Gasparito” quien no ocultaba su alegría; ninguno de los presentes se había percatado de que los hermanos Rodolfo y Aníbal Galindo, a quienes Poncho había mandado el día antes en la camioneta Ford – 350 tenían la misión de teloneros con la única función de ablandar a punta de Old Parr a los invitados.

Lo que Zuleta aprovechó para sacarle regalos suntuosos de semovientes que los presentes obsequiaron al cantautor.

“Gasparito” ya en temple y con ínfulas de hombre rico y para no dejarse echar tierra de los demás, sacó el cheque del bolsillo, lo mostró a los presentes y delante del grupo de potentados comerciantes se lo devolvió a Zuleta, diciéndole: esa plata te la regalo porque yo pocas veces me he sentido feliz. De inmediato, Zuleta airoso y contento salió al Lobby del hotel y el cheque lo hizo pedazos y picando el ojo decía: “por siaca por siaca”.

Arte y cultura Crónicas

Por:Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Cuando la mañana del miércoles 16 de julio de 2025 en Manaure, Cesar, todos se preparaban para asistir a la misa y procesión de la Virgen del Carmen, patrona de esa tierra, se corrió de manera rápida, así como una canción en aire de puya, la noticia sobre la muerte del compositor Wiston Muegues Baquero, hiriendo de inmediato el alma del folclor vallenato. La razón, lo traicionó el corazón, ese al que le cantó infinidad de veces.

Wiston tuvo dos grandes títulos: docente y compositor costumbrista dedicándose a esculcar el alma de los pueblos con sus historias, tradiciones, jocosidades y personajes para llevarlos a cantos sencillos con su propio sello, alcanzando honores en 113 festivales vallenatos a lo largo y ancho del país. En el Festival de la Leyenda Vallenata ganó en dos ocasiones, años 1999 y 2001, con las puyas ‘Los barrios del Valle’ y ‘La estratificación’.

Él inició a componer canciones cuando tenía 11 años, pero su interés de ser compositor no tuvo el visto bueno de sus padres Ángel Muegues Salas e Hilda Baquero Romero, los cuales al final ante la insistencia del muchacho lo apoyaron. El argumento principal era que por sus venas corría sangre musical, heredada de su tío Juan Manuel Muegues y de sus parientes Emiliano Zuleta Baquero, Ovidio Romero, ‘Toño’ y Simón Salas.

 En el año 1988, a la edad de 30 años, ganó el primer concurso en el Festival del Fique de La Junta, La Guajira, con la canción ‘A cambio de tu amor’. Dos años después obtuvo el triunfo en el Festival Tierra de Compositores de Patillal y continuó con el Festival Ornamental de Versos y Guitarras de Manaure, Cesar. También ganó en el Festival Vallenato de Monterrey, México, donde mandó una canción. Después, cosechó grandes triunfos llevando sus cantos untados de historias pueblerinas y con la autenticidad que siempre lo caracterizó.

Todos reconocían que sabía dar en el clavo, recibiendo los aplausos y el mejor puntaje de los jurados. Muchas veces los concursantes llegaron a preguntar si se había inscrito Wiston Muegues. El compositor también aficionado a los gallos, sonreía y pedía hacer canciones con el mayor sentido de pertenencia, contar hechos de verdad y no echar mentiras cantadas. Era un compositor descriptivo que narraba lo sencillo y a lo que nadie pensaba tendría excelente resultado, siendo un especialista en poner a llorar o sonreír de acuerdo al tema tratado.

La preparación festivalera de Wiston Muegues era otra historia. Después de tener la canción escogida convocaba al cantante para que se la aprendiera y hasta ensayos hacía. A él en los distintos concursos le cantaron sus canciones Jimmy Murgas, Rafa Pérez, los hermanos Carrascal, Luis Carlos Martínez, su hija Jadith Muegues y William Felizzola, quien muchas veces fue el encargado de cantar las puyas.

‘La novia del Valle’

La canción ‘La novia del Valle’ tenía para Wiston Muegues un significado especial porque la hizo estando recluido en una clínica recuperándose de un derrame cerebral, y además era el mejor homenaje a la mujer que se la jugó por el folclor vallenato y ganó. Se trataba de Consuelo Araujonoguera.

Precisamente, en el año 2001 Wiston Muegues compuso dos canciones. El paseo ‘La novia del Valle’ y la puya, ‘La estratificación’. Ambas las inscribió en el Festival de la Leyenda Vallenata y al final ganó la segunda. Él se alegró, pero no quedó satisfecho.

En aquella ocasión Wiston Muegues, expresó. “Mi canción ‘La novia del Valle’ fue mi regalo para ‘La Cacica’, no con el ánimo de ganarme un premio, sino para decirle lo mucho que la queríamos y agradecerle su entrega al folclor vallenato. Además, ella significó mucho para nuestra música y como ella no habrá ninguna más”. Al año siguiente esa canción la grabó Jorge Oñate”.

Los vallenatos quedamos en mora de hacerle un homenaje a la señora, que fuera en vida ‘La novia del Valle’, lleva en el alma este folclor tan bello, lo recibió cuando era pequeño, le dio su vida hasta volverlo grande. Quién va a negar que ella luchó con tesón y orgullo hasta lograr que se le abrieran las puertas del mundo a la música vallenata. Cumplió su misión. Si Esthercita Forero es ‘La novia de Barranquilla’ Consuelo ‘La Cacica’ es ‘La novia del Valle’.

Después de narrar el origen de ese canto, tomó nuevamente la palabra para hacer una petición. “Quiero solicitarle comedidamente a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata que me cambie la puya ‘La estratificación’ por el paseo, ‘La novia del valle’, y la declare ganadora del concurso de la canción inédita vallenata del año 2001”.

En medio de las añoranzas la cantante Jadith Muegues, a quien su papá le hacía escuchar sus canciones, muy compungida, expresó. “Mi padre, fue mi gran referente musical para inclinarme por el canto. Lo veía componer chiflando y cantando acostado en una hamaca. Después de hacerlo pedía un cuaderno para escribir la letra de la nueva canción. También nos consultaba sobre cómo nos parecía. Él me compuso el paseo ‘La hija del folclor’, y eso me sirvió de gran estimulo. Su inesperada partida nos dejó un inmenso vacío que no hay como llenarlo”.

El compositor que siempre tuvo el cariño del pueblo, de sus paisanos y amigos, en su colección de triunfos solamente le faltó el título de Rey de Reyes de la Canción Vallenata Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata, para poder cantar victoria y pudieran fluir más versos donde se contaran secretos escondidos en los laberintos de la vida, se derritieran verdades, se dibujaran costumbres y los sueños tuvieran regreso. Pero no, se fue a cantarle a Consuelo Araujonoguera su célebre canción ‘La novia del Valle’.

Cuento

“El Cuento de Pedro”

 Por: Pedro Norberto Castro Araujo 

Crecí en un hogar de creyentes, personalmente he sido ferviente seguidor de la Virgen de  La Milagrosa a quien le atribuyo el milagro de salvar mi vida, del Ecce Homo del Valle y de María Auxiliadora; de su parte mi abuela Carmelita Moròn, asidua ferviente de San Francisco de Asís de La Paz y de San Rafael del Tupe. Mi padre “Pepe Castro” ferviente de fe de todos los santos y santas de la provincia, desde la santa Virgen de Santa Marta, la Virgen de la Candelaria de Magangué, la de Los Venados, y de Becerril, pasando por la Virgen de Los Remedios de Riohacha, de Barrancas y de Río de Oro, la Virgen del Rosario de El Molino y de Valledupar, la Virgen de Chiquinquirá de Urumita y de Chiriguaná, devoto además de la Virgen del Pilar de La Jagua, la Virgen de Las Mercedes de Patillal, la Virgen del Perpetuo Socorro de San Diego, la Virgen de la Divina Pastora de Agustín Codazzi, la Virgen del Carmen de Manaure, de las Pitillas, San José de Oriente, de El Plan, de Pailitas, de Sabana Nueva y Arroyo Negro en Córdoba y finalmente devoto de la Virgen de Nuestra Señora de la Torcoroma de Ocaña.

Por ello, cada 16 de julio, fecha conmemorativa a la Virgen del Carmen siempre desde tempranas horas, mi padre me embarcaba en su Jeep Toyota y recorríamos todos los municipios y corregimientos donde le rinden tributo a la Virgen del Carmen. La primera parada era a las 5:00 de la mañana para presenciar la alborada musical que le hacen todos los años a la patrona de los conductores en la iglesia del barrio  El Carmen en Valledupar, allí precisamente donde forjé mis estudios secundarios al lado del reverendo sacerdote Rafael Daza Díaz en el colegio El Carmelo. Seguidamente subíamos a desayunar a Pueblo Bello y finalizamos en las fiestas de la Virgen del Carmen en Manaure en casa de Guillermo Araque, Julio Acosta o José Bolívar. Hoy recuerdo con cariño estos antecedentes de fe que un padre cristiano inculcó en mi ser y que hoy prevalecen en mi vida.

Confieso que cada vez que se acerca la fecha del 16 de julio, invade de emoción un zumbido fuerte a mi memoria, el cual comienza a retroalimentarse con la canción grabada para homenajear a esa Santa Patrona; obligatorio es recordar el nombre de Enrique Coronado personaje famoso en aquella época y que hasta el día de hoy es mencionado cada vez que llega el 16 de Julio en cada rincón de Colombia; confieso además que he quedado con la sana costumbre de visitar cada 16 de Julio a Manaure esta vez los personajes a quienes visito siguen siendo los mismos: la Casa de los Araque, José Campo, Julio Acosta Jr, Alberth Quintero o en Villa Adelaida en casa del  doctor Memo Fragoso y la doctora Amparo Iriarte.

Euclides Enrique Coronado Aragón era un popular personaje de origen guajiro, radicado en la ciudad de Barranquilla quien sentía tanta veneración por la Virgen del Carmen que patrocinaba todos los años una pomposa procesión por el tradicional y tranquilo barrio El Prado.

Enrique tenía su mansión construida al estilo Republicano  en cercanías a la Segunda Brigada del Ejército Nacional;  allí celebraba una fenomenal fiesta con presencia de los más famosos conjuntos vallenatos de la época y a ella asistían personajes de la política, el gobierno y las altas esferas económicas del Caribe. Hacía rato que este fiel devoto de la Virgen había invitado a Poncho y Emiliano, sabedor de la veneración por la Santa que profesaban todos los miembros de la familia Zuleta Díaz, desde la misma vieja Sara Baquero, madre del viejo Emiliano.

Ese brioso merengue titulado La Virgen del Carmen, de la autoría de Emiliano Zuleta Díaz, cantado por su hermano Tomás Alfonso y con los coros de Joe Arroyo, grabado en el larga duración “Tierra de Cantores” y patrocinado por la disquera CBS, tiene una historia muy linda y especial.

En la primera estrofa, el compositor  muestra la veneración y devoción que Emilianito ha tenido siempre por la Virgen.

“No hay cosa más bonita que sentirse uno con fe

y tener devoción por cualquier cosa en la vida,

por eso desde muy niño me he podido convencer

que la Virgen del Carmen es mi santa preferida…”

La segunda estrofa de la canción refleja el amor del acordeonista villanuevero por su madre, que por coincidencia, lleva el mismo nombre de la Virgen del Carmen.

“Por eso es que Emilianito la tiene que venerar

si tiene un nombre bonito, el mismo de mi mamá,

oye linda virgencita, escúchame mis plegarias

te llevo en mi medallita como reliquia sagrada…”

Y  en la tercera estrofa de la composición Emilianito menciona el nombre de quien fue factor detonante para que Zuleta Díaz la compusiera:

“Enrique Coronado nos ha mandado una carta

desde Barranquilla pa’ los hermanos Zuleta

el 16 de julio yo voy a hacerle una fiesta pa’ que vean la Virgen en la sala de mi casa…”